Relato ūüďĖ Sahara: Mohamed y Mohamed

Mohamed y Mohamed

Actualizado el domingo, 17 mayo, 2020

Mohamed

Era un polic√≠a de la seguridad marroqu√≠ destinado en el Sahara desde hac√≠a ya demasiados a√Īos. Esa ma√Īana se levant√≥ nervioso, ten√≠a que ir pronto a la gendarmer√≠a. Ese d√≠a llegaba a El Aai√ļn el enviado personal del secretario general de la ONU para el Sahara Occidental, Christopher Ross.

Desayunó rápido, apenas se despidió de su mujer y sus dos hijos. Se vistió con esa sudadera que tanto le gustaba, cogió su gorra, escondió su porra debajo de la sudadera y salió rumbo a su trabajo. En el barrio observó como sus vecinos le miraban, él, sabía que le admiraban aunque a veces también pensara que le temían por su fama de hombre duro.

Ya en la gendarmería recibió órdenes: no debía haber disturbios y cualquier conato de manifestación de saharauis debía ser cortado de raíz.

No era la primera vez que recib√≠a ese tipo de √≥rdenes, es m√°s, desde 1995 cada vez era m√°s frecuente enfrentarse a esos saharauis alborotadores que lo √ļnico que quer√≠an era desestabilizar las provincias del sur, impidiendo la prosperidad que deber√≠a de haber llegado hacia a√Īos a su querido Marruecos.

Creía profundamente a su jefe cuando les decía que esas manifestaciones atentaban contra la línea de flotación de Marruecos. Era un tema de seguridad nacional, no era un juego, era fuego real. Si triunfaba la Intifada sería el fin del próspero Marruecos. Su jefe les decía que hicieran ellos su trabajo, y que otros harían el suyo (refiriéndose a la facilidad que tenía su régimen para comprar voluntades y silenciar las noticias). Nadie sería sancionado, la integridad territorial estaba por encima de cualquier derecho individual o colectivo.

Junto con otros compa√Īeros, al igual que √©l de paisano, se dirigieron a la Avenida de Smara en El Aai√ļn. Se quedaron vigilando cerca del hotel donde se alojaban los miembros de la ONU. Sab√≠a que ese hotel era un lugar de encuentro de militares de la MINURSO y tambi√©n sab√≠a que algunas prostitutas frecuentaban la zona con la esperanza de ser contratadas por esos militares que no sab√≠a muy bien que hac√≠an en su Sahara.

La presencia de estos militares le molestaba, sabía que no vigilaban su trabajo, pero le molestaba que hubiera testigos en la resolución de lo que el llamaba un conflicto interno entre marroquíes.

Pasaron las horas y a mitad de la ma√Īana, vio como un grupo de hombres y mujeres saharauis se acercaban a la Avenida de Smara gritando y coreando lo que en la distancia parec√≠an consignas independentistas, el ya famoso grito de LABADIL LABADIL AN TAKRIR LMASIR (1).

Junto a sus compa√Īeros corri√≥ hacia ellos, no eran m√°s de 10 √≥ 15 saharauis. Observ√≥ incr√©dulo como un saharaui sacaba una descolorida y ra√≠da bandera de su pantal√≥n y levant√°ndola con las dos manos saludaba a los coches de la MINURSO.

Enseguida ech√≥ a correr, eso era intolerable, hab√≠a que detener al independentista que con su actitud ‚Äúpon√≠a en peligro la integridad territorial de su Marruecos‚ÄĚ, como dec√≠a su jefe y √©l cre√≠a.

No tardaron en dar con √©l en mitad de la calzada de la Avenida de Smara. Le golpearon, se lo merec√≠a, le pegaron patadas entre todos y con sus porras el dieron un buen escarmiento. El alborotador quer√≠a escaparse y √©l entonces sin pens√°rselo le lanzo una patada a la cara como le hab√≠an ense√Īado en las clases de defensa personal de la gendarmer√≠a.

Cuando se levantaba en el aire para propinarle la patada en la cara, pudo observar que la mirada del saharaui no era de miedo ni de ira. Crey√≥ reconocer esa mirada de indiferencia como si no le importara el dolor que le iba a propinar. La patada fue espectacular, el saharaui cay√≥ al suelo, momento que aprovecharon sus compa√Īeros para seguir d√°ndole porrazos y patadas. Lo detuvieron y lo entregaron a una unidad uniformada para que diera cuenta de √©l.

De nuevo junto con sus compa√Īeros se dirigi√≥ a las proximidades del hotel sabiendo que hab√≠an cumplido con su obligaci√≥n esperando terminara su jornada.

Al llegar a casa a la hora de la comida, su mujer como todos los días le preguntó cómo le había ido el día y él sin quitarse de la cabeza la mirada del saharaui mientras le propinaba la patada, le respondió como todos los días, que todo había ido muy bien.

Aunque sab√≠a de su legitimidad, no le gustaba hablar ni presumir en p√ļblico de que otros polic√≠as y √©l golpeaban a saharauis con porras y patadas, no quer√≠a que lo consideraran un cobarde. Al fin y al cabo el saharaui iba armado, armado con una bandera ra√≠da y descolorida.

Mohamed

Esa ma√Īana se levant√≥ nervioso. Llegaba a El Aai√ļn el enviado personal del secretario general de la ONU para el Sahara Occidental, Christopher Ross.

Sabía que Ross se iba a reunir con asociaciones saharauis. Esas asociaciones que Marruecos ninguneaba, iban a ser recibidas y legitimadas nada más y nada menos que por la ONU, nunca más podría decir Marruecos que estas asociaciones carecían de valor jurídico, la ONU se reunía con ellas y las reconocía como interlocutores en el conflicto de la ocupación del Sahara Occidental.

Dahba su madre, sab√≠a por como se hab√≠a levantado Mohamed, que ese d√≠a iba a ser un d√≠a importante en la vida de su hijo. Ella sufr√≠a, no quer√≠a que lo encarcelaran ni que le hicieran da√Īo, tambi√©n sab√≠a que no pod√≠a hacer nada, que la voluntad de Mohamed era f√©rrea y que nada pod√≠a hacer para frenarle y la verdad es que tampoco deseaba hacerlo. S√≥lo le dec√≠a a su hijo con frecuencia: ¬ęque no te hagan da√Īo Mohamed, te podr√°n golpear pero nunca te podr√°n hacer da√Īo¬Ľ.

Su padre trabaj√≥ para la administraci√≥n espa√Īola. Estudi√≥ hasta el instituto, no hab√≠a universidades en la colonia espa√Īola del Sahara, le gustaba la filosof√≠a. Mohamed ten√≠a grabada a fuego una historia que un d√≠a le cont√≥ su padre sobre un esclavo y su amo. La historia era sobre como el amo propin√≥ una paliza a su esclavo por un error que cometi√≥, y como despu√©s de esta gran paliza, el esclavo ni se inmut√≥ hasta que extenuado abri√≥ la boca para decir a su amo: ¬ęcuidado, se√Īor, que si segu√≠s as√≠, vais a romper vuestro bast√≥n¬Ľ.

Terminó de desayunar rápido, se dirigió a su cuarto y movió el armario y de la parte de atrás sacó de su escondite su descolorida y raída bandera del Sahara Occidental. La cogió, la observó, y gritó en silencio para sus adentros LABADIL LABADIL AN TAKRIR LMASIR.

La dobló y se la metió en su pantalón. Salió a la calle, vio como sus vecinos le miraban con admiración y cuando se reunió con sus amigos en el portal oyó los zgarit (2) de su madre a modo de despedida, Mohamed miró a su madre  y unas lágrimas asomaron en las mejillas de Dahba.

Nada de lo que iban a hacer ese día era debido al azar. Estaba todo estudiado, sabían que los marroquíes les iban a dar fuerte pero también sabían que si eran detenidos les podrían privar de su libertad pero no de su felicidad.

Recordaban a los h√©roes de Gdeim Izik, 24 presos pol√≠ticos saharauis, en prisi√≥n preventiva desde hacia m√°s de dos a√Īos. Recordaban como estos h√©roes al escuchar sus sentencias, sus injustas sentencias, gritaban por la independencia haciendo signos de la victoria y sonriendo de forma sincera. ¬°Pod√≠an quitarles la libertad pero no su felicidad ni su verdad!

Mohamed y sus colegas sabían que lo que hacían, lo hacían por ellos y por el futuro de su pueblo; sabía que era posible que ellos no vieran la independencia del Sahara pero también sabía que había muchos saharauis que cogerían su testigo en la lucha cuando él ya no estuviera.

Mohamed llevaba ya a√Īos pensando que s√≥lo ten√≠a dos formas de vivir bajo la ocupaci√≥n: o bien siendo c√≥mplice del torturador y ocupante, o luchando por la libertad de su pueblo como lo hab√≠a vivido desde peque√Īo observando el ejemplo de los suyos. Mohamed recordaba la canci√≥n de un cantante cubano amigo de los saharauis que desde Espa√Īa cantaba ‚ÄúMejor salir y hacer que llorar por la ventana‚ÄĚ Esa canci√≥n (3) le animaba a seguir en su lucha .

Salieron desde el barrio de Matala (4) camino de la Avenida de Smara donde sin duda aparecer√≠a la comitiva de la ONU esa ma√Īana. Nada m√°s llegar a la avenida y cerca del hotel donde se alojaba la MINURSO vio venir los coches blancos de las Naciones Unidas. Sac√≥ de su pantal√≥n la ra√≠da y descolorida bandera y la cogi√≥ con sus manos onde√°ndola por encima de su cabeza, empez√≥ a gritar con sus compa√Īeros el grito de la independencia del Sahara LABADIL LABADIL AN TAKRIR LMASIR.

No hab√≠a pasado ni un minuto cuando ocurri√≥ lo esperado: unos polic√≠as de paisano fueron a por Mohamed y empezaron a golpearle con sa√Īa. Eran 8 √≥ 10 los polic√≠as que le propinaron una terrible paliza. Mientras le golpeaban, vio como tambi√©n golpeaban con las porras a su amigo que iba a su lado vestido con darrah (5).

Yac√≠a en el suelo mientras le segu√≠an pataleando. Consigui√≥ a duras penas levantarse y mientras lo hac√≠a, vio como un polic√≠a de paisano dando un salto le iba a propinar una patada en la cara. En d√©cimas de segundo mir√≥ al polic√≠a a los ojos fijamente como dici√©ndole: ¬ęgolp√©ame fuerte, me causar√° dolor, pero no me har√°s da√Īo¬Ľ.

La patada le impact√≥ en la cara, le siguieron golpeando. Lo metieron a rastras en un coche de polic√≠a y lo sacaron de El Aai√ļn.

Tuvo que volver a su barrio andando y sangrando. Al llegar a Matala se encontró con sus amigos, se abrazaron y se saludaron al modo saharaui, preguntándose como había ido su misión. Estaban orgullosos. Al fondo vio a su madre acercarse corriendo gritando y haciendo zgarits, se abrazó a ella y vio también como su padre llegaba y le miraba, siempre detrás de todos, no quería robar ni un segundo de protagonismo a su hijo. Se sentía tan orgulloso de él…

Esta historia no es real pero es posible que lo sea. Está inspirada en el vídeo grabado por Equipe Media y colgado en Youtube

(1) No hay otra solución que la autodeterminación
(2) Grito expresión de orgullo que hacen las mujeres saharaui ante una gesta heroica o como muestra de admiración.
(3) Canci√≥n Fulanito. Autor Roberto del Pino ‚ÄúFulanito de Tal‚Ä̬† https://www.facebook.com/fulanitodetalcuba/
(4) Barrio de El Aai√ļn de poblaci√≥n mayoritariamente saharaui.
(5) Vestimenta tradicional que visten los hombres del Sahara y Mauritania

Resumen
Mohamed y Mohamed
Título
Mohamed y Mohamed
Descripción
Relato sobre la historia de dos hombres llamados Mohamed en el Sahara Occidental. Uno muestra lo peor del ser humano y otro la lucha por la justicia.
Autor
Publicado por
Una mirada al Sahara Occidental
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