Las batallas del Wargziz

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En su legítima guerra de liberación nacional, contra dos potencias ocupantes, el otoño de 1979 no podía empezar de mejor manera para el Polisario. En el plano político, a comienzos de agosto de ese mismo año, había firmado la paz con Mauritania y, en el plano militar, la sucesión de victorias era interminable.
Liberado del flanco sur (Mauritania), el Polisario, había concentrado toda su capacidad militar en el flanco norte, incluyendo el sur de Marruecos. Y, en este sentido, la barrera natural de la sierra del Wargziz, cien kilómetros dentro del territorio marroquí propiamente dicho, se había convertido en el campo de batalla.

La enorme depresión denominada Lebtana está enclavada entre aquella sierra del Wargziz, por el norte, y las elevaciones de La Hamada por el sur. Hacia el este, la limitan los cerros de Zak y, hacia el oeste, las elevaciones de Aidar.

Toda la depresión de Lebtana estaba bajo control del Frente Polisario. Las unidades del Polisario habían liberado Leboirat en la parte centro occidental de Lebtana, el 24 de agosto de 1979, y acampaban en la batiente septentrional de La Hamada, en los nacientes de Ued Uein Sekur, Feidhet Musa y Ued Tweila. Es decir, toda la depresión de Lebtana estaba bajo su control y tenían en frente a la muralla del Wargziz como el siguiente objetivo a batir.

En toda la ladera meridional del Wargziz, conocida como Messemes Al Wargziz, el Polisario tenía el control absoluto de la situación, desde Megsem Al Hiran, en Lemseyed, punta occidental del Wargziz, hasta Janguet Tafagumet, en el este, ya en el Wargziz argelino.

Concretamente, las unidades de la Primera Región tenían puestos de reconocimiento y observación avanzados en todos los siguientes lugares: Legteifa, el sendero de Ersan, Esfeisifa, el sendero de Aggu, el pozo de Refrafa, Taguot, Jneig Blama, Alhumara, Um Ruahel, Lengab, Ued Lezel, entre otros puntos. Por su parte, la Quinta Región, controlaba desde Tuezgui Remz hacia Um Leächar y Tafagumet, ya en el Wargziz argelino.

Generalmente, nuestras unidades en los puestos de reconocimiento y observación avanzada, en Lebtana y en la sierra del Wargziz disponían de armas muy ligeras. El grueso de su material bélico sólo intervenía cuando la envergadura de las operaciones lo requería. Por ejemplo, la Primera Región Militar estaba equipada con el material siguiente: el lanzamisiles Grad P de 122 mm, de un solo tubo, como arma más potente del que disponía en aquel entonces. También tenía el B 10 y el B 11, montados sobre Land Reover, los morteros 120 mm y 80 mm, el cañón sin retroceso SPG9, el Goryunov y las ametralladoras Dushka 12.7 mm, la 14.5 mm y la 23 mm, que se utilizan contra vehículos blindados, así como arma antiaérea, para repeler los aviones de ataque a tierra que vuelan a cotas bajas.

Las demás Regiones Militares del Polisario tenían un armamento análogo al de la Primera Región Militar. Eso sí, había un regimiento especial, separado de las Regiones Militares, que se componía de las bateríaslanzamisiles BM 21, apodados por los alemanes con el sobre nombre de “Órganos de Stalin”, cuya misión era acompañar a cada Región Militar cuando así lo requerían las circunstancias y regresar a sus bases. Este regimiento dependía directamente del Estado Mayor del Polisario.

Ya en verano de 1979, el trabajo de nuestros incansables hombres, pala y pico en manos, había hecho posible el trazado de una pista, en una pendiente ascendente muy acusada, para permitir el avance cuesta arriba de los lanzamisiles BM 21 hasta lo más alto de la sierra del Wargziz, en la punta de Lengab. Y, ahí, en aquellos cerros, desde donde se divisaban las montañas de Bani y, la localidad de Assa, quedaba a veinte kilómetros de alcance, habían colocado las baterías de misiles BM 21. En esas cimas, la plana mayor del Polisario, Abdelaziz, Ghali, Buhali, Eyub, suplicaban a los oficiales de campo, a cargo de las baterías de los BM 21 que, por favor, evitaran que los misiles dañaran a los ‘frigs’ de hermosas y grandes jaimas negras, situados en las puertas de Assa, porque eran civiles saharauis.

Por otra parte, en el extremo oriental de Lebtana, había unos cerros donde se encontraban acantonadas muchas fuerzas marroquíes. Se trata de la localidad de Zak, situada a cincuenta kilómetros de la frontera saharaui (desde la zona de Mahbes) y a otros cincuenta kilómetros del Wargziz. Es decir, estaba a medio camino entre la frontera saharaui y la sierra del Wargziz.

Ya desde el verano, las unidades de la Quinta Región Militar saharaui, comandadas por el celebérrimo Chahid Hammada, venían hostigando, desde el sur y desde el este, a la localidad de Zak. Y a primerísimos de septiembre de 1979 el avance, hacia el norte, de nuestras unidades era tal que la localidad de Zak, incluidos sus acuartelamientos militares, con un regimiento de dos mil hombres, había quedado a espaldas de nuestras fuerzas.

Desde la batiente septentrional de La Hamada, al oeste de Zak, en los nacientes de Ued Uein Sekur, Faidet Musa, Ued Tweila, nuestras unidades de las Regiones, Primera, Segunda y Tercera descendían y avanzaban hacia el norte, llegando a Gur Tistaf, al noroeste y a poco más de treinta kilómetros de Zak, donde acampan. Por el otro lado, por el este, las ágiles unidades de la Quinta Región Militar, procedentes desde los nacientes de Bulegmat y Buragba, venían presionando con toda su fuerza, sobrepasando a Zak, por el norte, llegando a Ued Yeddu, al nordeste y a poco menos de treinta kilómetros de Zak, donde acampan.

Y mientras nuestras unidades tenían toda su atención puesta en lo que acontece en Zak, descubren un helicóptero marroquí aterrizando y despegando, desde un punto situado entre la ladera meridional del Wargziz y Ued Tighzert, en la garganta de Lengab, poco más de cuarenta kilómetros al norte de Zak.

Sucede que en septiembre había llovido con abundancia y como quiera que Tighzert recoge todas las aguas de la Lebtana occidental y de todo Messemes Al Wargziz, por correr paralelo a la sierra, su vaguada traía tanta agua, que un regimiento marroquí entero, quedó varado entre la ladera de la montaña y el río. Al ser descubiertos, con la mitad de sus equipos enfangados, se convirtieron en presa fácil para las unidades del Polisario, que con toda su potencia de fuego se abalanzaron sobre ellos. La batalla apenas duró un par de días. Pero pocos combatientes saharauis recuerdan haber visto un volumen de capturas, de todo tipo de material y equipos, como en aquella batalla de Tighzert, el 16 y 17 de septiembre de 1979 (algunos la llaman batalla de Lengab). A nuestras unidades, literalmente, les faltaban manos para hacerse con tantos vehículos, camiones, cisternas, prisioneros y todo tipo de material que habían capturado en aquella batalla. La Primera, la Segunda, la Tercera y la Quinta Regiones Militares, habían hecho su agosto en pleno septiembre.

Y a todo esto, Zak y su regimiento de dos mil hombres, seguía asediado porque había quedado a espaldas de nuestras unidades que ya batallaban cincuenta kilómetros al norte de dicha localidad. Durante aquella batalla de Tighzert, el comandante Hammada, dirigente de la Quinta Región, vio que una unidad de tanques marroquíes tenía la intención de salir de Zak para romper el asedio y golpear, por la espalda, a nuestras unidades y, así, apoyar a las tropas que estaban siendo atacadas, en el norte, en la ladera de la montaña. Al ver aquello, en lo primero que pensó Hammada, fue en capturar aquellas piezas de blindados. Y salió a toda velocidad hacia Ued Uein Sekur en el sur, donde le constaba que había un grupo de hombres que, recientemente, habían salido de las academias y tenían conocimientos para manejar tanques y blindados. Fue hacia ellos con la intención de traerlos, al campo de batalla, capturar los tanques y entregárselos. Desgraciadamente, antes de que Hammada volviera con su grupo de hombres, otra unidad de la Primera Región, que tenía la misión de vigilar las espaldas de nuestras unidades para impedir cualquier contra ataque por la espalda, desde Zak, había repelido esa maniobra marroquí y les había obligado a retornar hacia sus guaridas, fuera del alcance del Polisario, y ya dentro del perímetro montañoso de Zak.

Durante toda la segunda mitad del año 1979, Zak, estuvo bajo los constantes hostigamientos del Polisario. Algunos fueron mucho más intensos que otros. De hecho, la intensidad de los combates obligó, a Marruecos, a poner en riesgo su aviación para aligerar la presión sobre dicha localidad, hasta el punto de que, el 8 de diciembre de 1979, el Polisario derriba un Mirage F1, cuyo piloto, Mataui Mahyub El Arbi, fue capturado vivo y los altos mandos del Polisario lo llevaron enseguida a la unidad de los BM 21, el objetivo principal de los Mirage, para que los oficiales a cargo de dichas lanzaderas de cohetes, le vieran la cara bajo sus botas, justo unos momentos después de haberlo visto disparando hacia ellos desde su Mirage F1.

Ciertamente, el control de esta parte del sur del territorio marroquí, en verano de 1979, explica en buena medida, la tranquilidad con la que el Polisario ideó y organizó los feroces ataques a Smara, el 5 y el 6 de octubre de 1979 y, también, en Mahbes, el 13 del mismo mes, donde consiguió infligir severas derrotas a Marruecos.

El control del Polisario sobre toda aquella franja sur de Marruecos, llegó a tal punto que el Polisario llevó una expedición de periodistas occidentales a visitar, in situ, los escenarios de las batallas que estaba llevando a cabo en suelo marroquí. De hecho, los registros recogen una fotografía de Mohamed Abdelaziz y sus ayudantes explicando, con la ayuda de un mapa, a un grupo de periodistas occidentales, las batallas que estaban llevando a cabo en aquellas regiones. Aquella fotografía, muy probablemente, fue tomada en alguno de los cuarteles móviles que el Polisario tenía en Feidhet Musa, en la ladera septentrional de La Hamada marroquí.

Hassan II aprovechó los reportes de prensa de aquellos periodistas y aquella fotografía para ir a llorar al Pentágono, suplicando ayuda militar. De hecho, los funcionarios americanos, como el consejero de Seguridad Nacional con Jimmy Carter, Brzezinski, justificaban la venta de armas alegando que era para la autodefensa puesto que Marruecos estaba siendo atacado dentro de su propio territorio.

Y, por supuesto que debió ser monumental, la llantera de Hassan II, ante los gerifaltes del Golfo para que se avinieran a firmar los cheques oportunos con los que pagar las cuentas del Pentágono.

Transcurre todo el otoño de 1979 y los meses de enero y febrero de 1980 con el ejército saharaui, casi al completo, acampando en Lebtana, dentro del sur marroquí. A finalísimos de febrero de 1980, la Inteligencia del Polisario había obtenido información altamente verosímil sobre los movimientos de grandes regimientos marroquíes que habían salido de Gleimim, habían pasado por Tan Tan y se dirigían hacia Lemseyed, con la intención de atravesar el macizo del Wargziz, limpiar el sur marroquí de la presencia del Polisario y romper el cerco a Zak, que llevaba meses subsistiendo a base de un puente aéreo.

Hassan II, ante la penetración del Polisario en suelo marroquí y el consiguiente asedio de la muy estratégica localidad de Zak, con sus cuarteles subsistiendo a base de un puente aéreo, sometido a la caza constante de nuestras unidades antiaéreas, había ideado una estrategia consistente en adiestrar a tres fuerzas militares distintas y encomiarles la misión de limpiar todo el sur marroquí de cualquier presencia del Polisario.

Y para levantar la alicaída moral de su soldadesca, no tuvo más remedio que recurrir a la historia para extraer ciertos nombres con los que, acaso, otorgar un cierto aura mítico a sus tropas. Así, a la más débil y menos preparada de aquellas unidades, compuesta de siete mil hombres, la que estaba comandada por Abruk y Tobji, le puso el nombre de Zallaka, nombre árabe de la histórica ‘batalla de Sagrajas’ de los almorávides, en Al Andalús, en octubre del año 1086. A la otra, le puso el nombre de Larak, nombre de una batalla que mantuvieron los almohades contra los cristianos, en julio de 1195, en el castillo de Alarcos, por el Guadiana, cerca de la actual Ciudad Real. Y, a la mejor equipada, comandada por Harchi y Mohatane y bajo las órdenes directas del general Dlimi, le puso el nombre de Uhud, nombre que viene de la célebre batalla de Uhud, de marzo del año 625, entre las fuerzas musulmanas de Medina, comandadas por el profeta Mohamed y una fuerza Quraichí, comandada por Abu Sufyan. En dicha batalla murió Hamza, el tío de Mohamed, y el profeta resultó herido en el rostro.

Pareciere que los marroquíes, por su parte, también habían captado que, a finales de febrero de 1980, la mayoría de los efectivos del Polisario estarían bailando sus victorias en algún lugar de La Hamada. Y, en efecto, en febrero de 1980, el Polisario tenía la idea de celebrar el IV Aniversario de la Proclamación de la RASD por todo lo alto para, así, coronar un año tan lleno de éxitos políticos, diplomáticos y, sobre todo, militares. Para celebrarlo, eligió un lugar alejado de los Campamentos, ubicado al norte de la escuela 12 de octubre. Ahí montó toda la infraestructura necesaria para unas celebraciones cuyo punto álgido iba a ser un desfile militar nunca visto, lo que requería la presencia, sobre el terreno, de buena parte de los efectivos del Polisario.

Justo el día anterior al Aniversario, el 26 de febrero, ya caída la noche, llegó la noticia desde El Wargziz: grandes unidades del ejército marroquí, las conocidas con el nombre de Zallaka, habían salido de Lemseyed, atravesando El Wargziz, habían pasado por Legteifa, Um Sbea, Tesemimet, Udei Beiba, Rag Labiadh y habían acampado, para hacer noche, en la negruzca montaña de Chueichía, a menos de quince kilómetros, nada menos que del lugar de nacimiento del Polisario, en Janguet Qsat, ya en territorio saharaui. Ante el avance, hacia el sur, de las unidades de Zallaka, nuestras unidades de la Primera Región destacadas en los puestos de reconocimiento en la sierra del Wargziz, temiendo caer en un cerco, tuvieron que evacuar sus posiciones en la parte occidental de la sierra del Wargziz y atravesar Lebtana para reubicarse al sur, en las dentelladas de La Hamada.

En la madrugada del 27 de febrero, poco antes de los desfiles por el IV Aniversario de la RASD, todas nuestras unidades recibieron la misma orden. No romper filas después del desfile y dirigirse directamente, y a toda velocidad, hacia las posiciones de combate en Lebtana, a más de doscientos kilómetros de distancia, hacia el noroeste.

La confianza y la tranquilidad que da un Mahbes ya liberado y completamente limpio de todo rastro marroquí había ayudado mucho, acortando las distancias y ahorrando cientos de kilómetros, permitiendo que el suministro y la logística se lleven a cabo en óptimas condiciones. Nuestros convoyes pasaban al norte de Mahbes, enganchaban con Mahbes Aarraid y ya tenían delante a Uein Sekour y Feidhat Musa para descender hacia Lebtana.

El 29 de febrero de 1980, ya anocheciendo, algunas unidades de la Quinta Región, procedentes desde el este de Lebtana, acampan en Chueichía, casi al lado del enemigo. Pero al día siguiente, y bajo estricta vigilancia de nuestras unidades, el enemigo vira hacia el nordeste y pone rumbo hacia el sendero de Amotti, en la sierra del Wargziz, a casi cincuenta kilómetros de ese lugar.

En el avance de las tropas enemigas hacia Amotti, nuestras unidades, en formación de combate, venían pisándoles los talones muy de cerca y desde distintos ángulos. De hecho, a media mañana de aquel primero de marzo de 1980, se entablan los feroces combates contra las tropas de Zallaka. Y, antes del mediodía, la gloriosa Primera Región ya había capturado seis blindados AML90. Blindados suministrados por el régimen racista del Apartheid en Sudáfrica para ayudar a Marruecos. Tiempos después, el Polisario, había ofrecido, esos mismos blindados que habían sido capturados en buen estado de uso, al SWAPO y al propio ANC para luchar contra el régimen de Pretoria, en el África austral.

Ese día, el sábado, primero de marzo de 1980, se inician las batallas del Wargziz que, en su primera jornada, duran hasta el día once del mismo mes. En este escenario de batalla, hay que tener en cuenta que la célebre Leboirat, habiendo sido liberada en agosto del año anterior, ya quedaba a cuarenta kilómetros hacia el sur, desde Amotti. Es decir, nuestras unidades tenían el dominio absoluto sobre grandes zonas de territorio marroquí, lo que les permitía una movilidad y una maniobrabilidad, con amplios márgenes de seguridad.

Así narra el comandante Mahjoub Tobji algunos pasajes de esas batallas, en su obra “Los oficiales de su majestad”:

“alrededor de las 11 de la mañana se produjo una estampida. Se había vuelto imposible mantener a los hombres en sus posiciones de combate. Estábamos en la llanura y vivíamos una pesadilla digna de Dante. Con los cuatro neumáticos pinchados, los conductores circulaban sobre las llantas. Los hombres se habían vuelto locos. Sólo les importaba la fuga”.

Aproveché la segunda noche y decidí abandonar los jeeps. Atravesamos la montaña para llegar a pie al punto de inicio de las operaciones.

Al otro lado de la cresta de Ouarkziz nos esperaba un espectáculo digno de la corte de los milagros: hombres atónitos, vehículos destartalados y ni la más mínima presencia ni noticias del mando ni de los regimientos de Harchi y de Mohatane.

Efectivamente, la valentía de nuestros hombres y la ferocidad con la que caían sobre su enemigo, habían convertido a éste en un simple ejército de ratones que nada tenía que ver con los míticos nombres con los que habían sido bautizados por su sultán.

Durante once días consecutivos, las Regiones Militares, Primera, Segunda, Tercera y Quinta mantuvieron, a las tropas de Zallaka, bajo un fuego ininterrumpido. Desde sus posiciones de combate en Amouzzra (Ued Sfeisifa), al oeste, Ued lezel, al sur, y Gour Um Doul, al sureste, nuestras unidades hostigaban y perseguían al enemigo con un fuego concentrado, empujándolo cada vez más hacia el norte, hacia Ued Tighzert y el sendero de Amotti en la sierra. Desde el fondo, nuestra artillería, y a unas distancias de hasta veinte kilómetros, tres baterías BM 21, escupían su devastadora carga explosiva sobre las posiciones enemigas, mientras el resto de nuestras ágiles unidades aprovechaba la ocasión para aproximarse lo suficiente como para verter toda su potencia de fuego, desde distancias más cortas.

Después de una fugaz resistencia inicial, por parte del enemigo, nada más verse rodeados por varios frentes de ataque, los marroquíes se dieron a la fuga hacia el norte, buscando la salvación en las faldas meridionales del Wargziz, por el sendero de Amotti. En su huida, la vaguada de Tighzert aún va a enlentecer su marcha, dando a nuestras unidades más oportunidades para seleccionar mejor los flancos débiles del enemigo y seguir hostigándolo.

Cuando, varios días después, nuestras unidades alcanzan el cauce de Tighzert, el enemigo seguía cediendo ante nuestro avance. Para evitar quedar encerrados en las escarpadas pendientes del sendero de Amotti, los oficiales marroquíes, habían decidido salvar lo posible, escapándose por Tighzert, aguas abajo, hacia el este, para intentar salir por la garganta de Lengab, ochenta kilómetros al este, que era el paso de la sierra más próximo por donde podía transitar buena parte de su maquinaria bélica.

En su huida hacia el este, buscando la garganta de Lengab, las tropas de Zallaka, tampoco se libraron de la persecución de nuestras unidades. De hecho, en su persecución, nuestras unidades, alcanzan las colinas de Ammat Lekhel, en la rivera meridional de Ued Tighzert, cincuenta y cinco kilómetros aguas abajo, desde Ammoti. Ahí, en Ammat Lekhel, las distintas Regiones Militares van a tomar sus respectivas posiciones de combate para vigilar la garganta de Lengab que dista veinticinco kilómetros hacia el este y por donde, inevitablemente, iba a salir el enemigo.

Nuestras unidades de reconocimiento y observación, desde lo más alto de la cresta del Wargziz, venían observando que había grandes unidades militares que llevaban ya días concentrándose al norte del río Draa, en la ladera septentrional del Wargziz, a las que, ahora después de su huida, venían juntándose las tropas enemigas que conseguían alcanzar Lengab y rebasar la sierra hacia el norte, y que no hacían más que concentrarse, reparar sus equipos y ponerse de nuevo en formación. Lo cual era un signo inequívoco de que estaban preparando el contra ataque, esta vez, por esa misma garganta de Lengab.

En efecto, la otra tropa que Hassan II había preparado para limpiar el sur marroquí de la presencia polisaria, y a la que había bautizado con el mítico nombre de Uhud, estaba al otro lado de la sierra. Su misión era entrar en Lebtana, por el este, al mismo tiempo que lo hacía Zallaka, por el este y, así formar una pinza para encerrar a las unidades del Polisario. Pero por alguna razón, algunos hablan de ajuste de cuentas entre el generalato marroquí, Uhud, postergó su entrada en acción hasta ver diezmadas las fuerzas de Zallaka. Las unidades de Uhud se componían de los regimientos de Harchi y Mohatane, cuya ausencia del escenario de la batalla, al sur del Wargziz, denuncia el general Tobji en su libro.

Ante las sospechas razonables de un nuevo contra ataque marroquí, por la garganta de Lengab, las fuerzas saharauis se reorganizan y ocupan nuevas posiciones. Algunas unidades mantendrán sus posiciones en Ammat Lekhel, al oeste de Lengab; otras acampan en Gur Tistaf, al sudoeste de Lengab; y algunas unidades de la Quinta Región ocupan las estribaciones situadas al sudeste de Lengab, en las mediaciones de Ued Yeddu.

Entrada ya la última semana de marzo de 1980, se observan las primeras columnas del ejército marroquí (los retales de Zallaka y otros cuerpos militares) saliendo por la garganta de Lengab, cruzando Ued Tighzert y virando hacia el oeste, hacia Ammat Lekhel, lugar donde nuestras Regiones Militares habían acampado.

Nada más tenerlos a tiro, nuestras unidades de la Primera, la Segunda, la Tercera y la Quinta Regiones Militares se abalanzan sobre ellos, provocando una nueva estampida hacia el interior de la garganta de Lengab y dejando tras de sí cantidades ingentes de material bélico, entre quemado y capturado en buen estado.

Por su parte, la Cuarta Región Militar tenía la misión de vigilar la zona de Abatih, en las cercanías de Ued Chbeika, para evitar los posibles apoyos que pudieran venir desde Tan Tan.

Las tropas marroquíes harán otros tres intentos más por salir por la garganta de Lengab y romper el asedio de Zak, donde los regimientos ahí acantonados estaban a punto de declarar su rendición y entregarse a las unidades del Polisario.

En la primera semana de mayo de 1980, Marruecos reúne a unas ingentes columnas para su último intento. Dichas columnas consiguen franquear el paso de Lengab, y el 12 de mayo se entablan los cruentos combates ya en la ribera meridional de Tighzert. El ejército marroquí, gracias a su aviación y el sofisticado armamento recién adquirido a los USA, consigue abrir un frente de batalla de más de cincuenta kilómetros de ancho, algo fuera de la capacidad del Polisario.

Ante semejante escenario, el Alto Mando del Polisario, decide dar por concluidos los combates en Lebtana y El Wargziz y ordena, a sus unidades, a retornar a sus santuarios en Ued Saguia y alrededores.

 

Y, con ocasión del XLVIII Aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática, sirva este relato para rendir un sentido homenaje a tantos hombres y mujeres que dieron su vida por la libertad de este noble pueblo.

Haddamin Moulud Said
En Valencia, a 27 de febrero de 2024.

El escenario de las batallas del Wargziz, marzo, abril y mayo de 1980

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Las batallas del Wargziz
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Las batallas del Wargziz
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Y, con ocasión del XLVIII Aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática, sirva este relato para rendir un sentido homenaje a tantos hombres y mujeres que dieron su vida por la libertad de este noble pueblo.
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